Seis meses después de Alaska: balance incierto
La reunión entre Moscú y Washington prometía abrir una nueva etapa de diálogo estratégico y reducir tensiones globales. Medio año más tarde, los resultados muestran avances limitados, desconfianzas persistentes y un conflicto en Ucrania aún lejos de resolverse.
Uno de los compromisos centrales de la cumbre Putin-Trump fue impulsar negociaciones que condujeran a un alto el fuego en Ucrania. Foto: Xinhua
16 de febrero de 2026 Hora: 16:35
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Han pasado seis meses desde la cumbre celebrada en Alaska entre los presidentes Vladímir Putin y Donald Trump, un encuentro que despertó expectativas de distensión tras años de confrontación política, sanciones económicas y tensiones militares.
El diálogo directo, presentado entonces como un posible punto de inflexión en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, dejó promesas de cooperación estratégica y la voluntad declarada de explorar salidas negociadas al conflicto en Ucrania.
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Medio año después, el balance revela una realidad más compleja. En el plano diplomático, se restablecieron algunos canales de comunicación técnica y contactos militares de bajo nivel destinados a evitar incidentes directos.
Sin embargo, estos mecanismos funcionan más como herramientas de contención que como señales de una reconciliación profunda. Las sanciones económicas se mantienen prácticamente intactas, mientras que la retórica política continúa marcada por la desconfianza mutua.
Ucrania, el núcleo del desacuerdo
Uno de los compromisos centrales de la cumbre fue impulsar negociaciones que condujeran a un alto el fuego en Ucrania.
Aunque se produjeron contactos indirectos y propuestas preliminares de carácter humanitario —intercambios de prisioneros, corredores civiles y discusiones sobre seguridad energética—, no se alcanzó un acuerdo político sustantivo.
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El frente militar permanece dinámico y la distancia entre las posiciones estratégicas de las partes sigue siendo considerable. Para Moscú, cualquier arreglo duradero debe reconocer nuevas realidades territoriales y garantizar límites a la expansión militar occidental en su entorno estratégico.
Washington, en cambio, insiste en la soberanía ucraniana como principio central y condiciona avances diplomáticos a cambios verificables sobre el terreno. Esta divergencia estructural explica, en gran medida, la lentitud de los progresos.
Una pausa más que un punto de giro
En el ámbito bilateral más amplio, la cumbre produjo resultados modestos, pero no irrelevantes. Se retomaron conversaciones sobre estabilidad estratégica y control de armamentos, un terreno históricamente sensible donde incluso diálogos mínimos reducen riesgos globales.
También emergieron señales de cooperación limitada en cuestiones como seguridad ártica y prevención de proliferación nuclear, aunque sin acuerdos formales.
Muestra de que aun este es un tema por solucionar, es el curso del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Start III o Nuevo Start, el cual llegó a su fin el pasado 5 de febrero, luego de haber sido rubricado en 2010 por los entonces presidentes de Rusia, Dmitri Medvédev, y de Estados Unidos, Barack Obama, y prorrogado sin condiciones previas por cinco años en febrero de 2021.
En las circunstancias actuales, las autoridades rusas parten de la base de que las partes del Start III ya no están vinculadas por ningún compromiso ni declaración simétrica en el contexto del tratado, incluidas sus disposiciones fundamentales, y que, en principio, son libres de elegir sus próximos pasos.
Canales abiertos, confianza limitada
Analistas internacionales coinciden en que el principal efecto del encuentro no fue transformar la relación, sino frenar su deterioro.
La diplomacia directa entre líderes evitó una escalada inmediata y mantuvo abierta la posibilidad de futuras negociaciones, un resultado modesto pero significativo en el contexto geopolítico actual. No obstante, el paso del tiempo sin avances visibles erosiona el capital político generado en Alaska.
En ambos países, sectores internos cuestionan la utilidad del diálogo si no produce cambios tangibles, lo que reduce el margen de maniobra para nuevas concesiones.
La relación bilateral oscila así entre la competencia estructural y la cooperación táctica. Seis meses después, la cumbre puede leerse menos como un punto de giro y más como una pausa estratégica.
El conflicto en Ucrania continúa siendo el eje que condiciona cualquier acercamiento, mientras el sistema internacional observa con cautela cada señal proveniente de Washington y Moscú.
El futuro inmediato dependerá de si ese canal político abierto en Alaska logra traducirse en negociaciones sustantivas o si quedará como otro intento fallido de distensión en una rivalidad que define buena parte del equilibrio global contemporáneo.
Autor: teleSUR: odf - JB
Fuente: Agencias - RT - teleSUR




